Skip to main content

Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

See other formats


CASA PUBLICADORA BRASILEIRA 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 



Lección 1 

(29 de Marzo al 5 de Abril de 2008) 

¿Quién fue Jesús? 



Dr. Rodrigo P. Silva 



Bosquejo de la lección: 

1 . Jesús no fue la reencarnación de los profetas (error de los judíos). 

2. Jesús no es un mito (error de los racionalistas) 

3. Jesús es el Hijo de Dios (declaración de los apóstoles). 

Introducción 

Es interesante notar que esta lección, aunque lleva por título "¿Quién fue Jesús?", in- 
vierte dos tercios de su contenido en describir quién no fue Él. Es una estrategia muy 
interesante del autor, y debe ser resaltada ante los hermanos. La lección nos enseña 
que la verdad revelada sobre Jesús es simple y por ello ocupa menos espacio que las 
especulaciones con respecto a Él. Se trata también de una confesión de fe, no una 
descripción de los detalles que no han sido revelados. Por no tener en cuenta esta 
simplicidad natural del mensaje cristiano fue que muchos pensadores racionalistas 
(tanto del pasado como del presente) han pergeñado tantos conceptos diferentes que 
rivalizan en cantidad con la singular declaración bíblica sobre quién habría de ser el 
Señor Jesucristo. 

1. Jesús no fue la reencarnación de los profetas (error de los judíos) 

Tal vez los primeros interrogantes que surjan en la mente de los hermanos cuando le- 
an esta parte de la lección sean: ¿De dónde extrajeron los judíos, que tenían muy cla- 
ra las enseñanzas de las Escrituras relativas al estado del hombre en la muerte, esta 
absurda idea de la reencarnación? ¿Acaso no conocían el Antiguo Testamento y no 
sabían que el Sagrado Libro no transmite tal concepto relacionado con la inmortalidad 
del alma? En segundo término: Aún para quien cree en la reencarnación, la idea bási- 
ca es que, para ser la reencarnación de otro, alguien tiene que nacer después que el 
primero ha muerto. ¡Y Jesús y Juan el Bautista eran contemporáneos! ¿Cómo podía 
uno ser la reencarnación del otro si estuvieron juntos en algunos momentos? 

Pues bien, partiendo de lo extraño del hecho de encontrar una idea como esas en sue- 
lo judío, todos sabemos que el pueblo de Israel siempre fue tentado por las prácticas 

* Nota del Editor: Si bien los conceptos teológicos expresados en este comentario son correctos y 
muy útiles para la edificación personal, tal vez no sea prudente tomar mucho tiempo analizar, en ca- 
da clase de Escuela Sabática, las herejías mencionadas, tanto las pasadas como las actuales. 



paganas de sus pueblos vecinos. En muchas oportunidades los profetas de Dios tuvie- 
ron que alertar con respecto al problema de la apostasía. En hogares que se conside- 
raban auténticos judíos se mantenía, junto al cordero que sería llevado al sacrificio, 
una imagen doméstica de Baal o Astarté, a pesar del claro mandamiento que conde- 
naba la idolatría. No fue casualidad que hubiera 400 profetas de Baal contra uno sólo 
de Dios, Elias. 

En esos vaivenes relacionados con la adopción de prácticas paganas entre los judíos, 
en el período llamado helénico, muchos conceptos originados en la cultura griega co- 
menzaron a penetrar con más fuerza entre los hijos de Israel. Sólo para tener una no- 
ción, aproximadamente en el 175 a.C, el sumo sacerdote Josué de Jerusalén, que era 
un apasionado de la cultura griega, cambió su nombre por la forma helenizada Jasón. 
Instituyó en Jerusalén las Olimpíadas que, en la época, eran juegos dedicados ínte- 
gramente en homenaje a los dioses del Olimpo. También contribuyó a financiar tem- 
plos paganos con recursos que originalmente estaban dedicados al Templo de Jehová 
y construyó un enorme Gimnasio en Jerusalén, donde los jóvenes judíos (muchos de 
ellos hijos de los sacerdotes) corrían desnudos en juegos atléticos a la manera de los 
griegos, causando ello no poca indignación entre las familias más piadosas. Estos 
jóvenes, dicho sea de paso, eran liberados de la circuncisión porque sentían vergüen- 
za de ser vistos circuncidados en caso de que fueran seleccionados para correr en 
Atenas. 

Con este contexto en mente, no es difícil entender el ingreso de ideas extrañas en la 
mentalidad de los judíos que vivieron en los días de Cristo. En el caso específico de la 
inmortalidad del alma, ésta se convirtió en una creencia fundamental de la filosofía 
griega, especialmente después que Sócrates y Platón determinaron una idea del ser 
humano constituida por el cuerpo (materia) y el alma (etérea) que sobrevive indepen- 
dientemente del cuerpo material. 

Aún antes de Platón, ya se había instalado en Grecia una forma de religión denomina- 
da orfídica (en homenaje al legendario Orfeo). Esta religión se destacaba principalmen- 
te por romper con la teognomia homérica (es decir, aquellas historias en la que esta- 
ban involucrados los dioses del Olimpo). Prestó más atención a las enseñanzas origi- 
nadas en Persia. Por lo tanto, era más espiritista y enseñaba con mayor fuerza la 
mortalidad del alma y la así llamada transmigración de las almas. Para ellos, el cuerpo 
era un mero receptor o aprisionador del alma, por lo tanto ambos podía separarse, 
causando así el fallecimiento del cuerpo físico, pero la continuación de la vida en el 
alma. A diferencia de la reencarnación, los adeptos a la transmigración del alma creían 
que el espíritu del alguien que moría podía apoderarse de un animal o planta, incluso 
de algún ser humano vivo que, por alguna razón, permitiera que poseyera su mente. 
En este caso, el dueño original del cuerpo, perdía temporal o permanentemente el con- 
trol, dejando al espíritu el poder de acción sobre él. Sería algo semejante a la práctica 
de los médiums que hoy vemos por allí incorporando seres supuestamente fallecidos 
que son, en verdad, espíritus demoníacos. 

Lo más terrible de esto es que muchos judíos comenzaron a creer en esta doctrina 
errónea de la transmigración de las almas y le adjudicaron el hombre hebreo de Guil- 
gul Neshamot. Quizá hayan sido adeptos de esta doctrina los que divulgaron el rumor 
de que Jesús sería un mero médium dotado del espíritu de Juan el Bautista. Con eso 
en mente, podemos ver el grado de la pérdida de la identidad doctrinario del pueblo 



judío de aquella época y tomar, para nosotros, una seria lección de advertencia para 
que no caigamos en el mismo error. Al final de cuentas, ¡no estamos exentos de caer 
en las trampas del enemigo! 

En el caso específico de Elias y Jeremías, el texto paralelo de Lucas 9:19 añade un 
detalle que no está mencionado en los demás Evangelios: "Otros [dicen que eres] 
algún antiguo profeta que ha resucitado". Estos, ciertamente, eran del grupo que to- 
davía creía en la resurrección, pero es importante destacar que no todos creían que 
los muertos serían resucitados por el poder de Dios. Los saduceos, por ejemplo, no 
creían en la resurrección de los muertos, e incluso algunos miembros de la futura igle- 
sia de Corinto tuvieron problemas para aceptar esta legítima enseñanza de las Escritu- 



La tradición popular, basada en una lectura literal de IVIalaquías 4:5, pergeñó la idea de 
que, después de su repentina desaparición, Elias volvería a la tierra antes del fin de 
los tiempos como precursor del IVIesías. Jesús corrigió esta idea, diciendo que Juan el 
Bautista era aquél que había venido en cumplimiento de la misión del profeta Elias, pa- 
ra preparar el camino de su ministerio mesiánico. 

Jesús no es un mito (error de los racionalistas) 

En el siglo XVIII, Alemania atravesó un período de una fuerte sobrevaloración del ra- 
cionalismo en detrimento de la fe evangélica. Fue lo que se llamó el lluminismo 
Alemán {Aufklárung). Este movimiento surgió debido a los siguientes antecedentes: 

a. El propio espíritu crítico-racionalista que dominó en Europa en aquél tiempo, que 
estaba viviendo prácticamente bajo la influencia del punto más alto y final de la 
Edad Media que fue la Revolución Francesa). 

b. El deísmo inglés que contribuyó en gran parte al surgimiento de conceptos escép- 
ticos, tales como los esbozados por Voltaire y otros pensadores que aparecieron 
en Alemania. 

c. La modificación radical del deísmo en Francia que se convirtió en un virtual escep- 
ticismo. 

d. El pietismo alemán, que fue un rompimiento con el protestantismo germánico y 
que, entre otras consecuencias, le otorgó mucho énfasis al sentimentalismo, la 
exageración en la predicación, el tono ascético hacia el mundo y el descuido de 
los componentes intelectuales en la religión. 

La pretensión básica de los iluministas alemanes fue la de crear una religión cristiana 
más racional y menos sentimentalista. Ellos se sintieron presionados a no ceder hacia 
el extremo de un dogmatismo infundado, como creían que eran las doctrinas oficiales 
de la iglesia, ni tampoco caer en la negación completa de Cristo, tal como lo habían 
hecho los intelectuales franceses. Por lo tanto, comenzaron a surgir varios teólogos 
pretendiendo exponer teorías sobre quién habría sido Jesucristo. Sus nuevas ideas 
acerca del fundador del cristianismo, ha que decirlo, contradijeron totalmente la visión 
tradicional de la iglesia respecto del Hijo de Dios. Hicieron una distinción entre el Jesús 
histórico {historischer Jesús) y el Cristo de la fe (geschichtiicher Chrístus). El primero, 
si existió, constituyó el Jesús históricamente real, mientras que el segundo sería un ser 
mitológico, "inventado" y "mantenido" por la iglesia a través de los tiempos. 



El primer defensor de estas nuevas ideas fue Merman Samuel Reimarus (1694-1768). 
Siendo el primero en ser radicalmente influenciado por los deístas ingleses, Reimarus 
proyectó una enciclopedia de cuatro mil páginas en la cual pretendía reconstruir de 
manera científica la historia de la religión cristiana. Fue sólo después de la muerte de 
Reimarus que algunas partes de ese tratado fueron publicadas por un tal G. Efraim 
Lessing. En uno de sus párrafos, titulado "Acerca de la pretensión de Jesús y sus 
discípulos" ("\/om Zwecke Jesu un seiner Jünger), el afirmó que cualquier investiga- 
ción crítica sobre la vida de Cristo "debe mantener la distinción clara entre lo que Jesús 
realmente hizo y enseñó en su vida y aquello que fue narrado por los apóstoles en sus 
escritos". Así, Reimarus entendía que Jesús fue un mero judío zelote que emprendió 
una revuelta contra el Imperio Romano y, como cualquier otro rebelde, fue condenado 
y muerto en una cruz en virtud de sus discursos políticos. Sus discípulos, entonces, 
para no admitir el fracaso de su movimiento, robaron su cuerpo e inventaron la historia 
de la resurrección y la redención universal de la humanidad. 

Aunque partiendo de presuposiciones contrarias a las de los racionalistas, Friedrich 
Ernst Schleirmacher también presentó en 1832 una interpretación desconcertante 
acerca de Cristo. Consideraba al IVIaestro nazareno como apenas un mero hombre con 
una conciencia de identidad divina (algo que todos, en teoría, pueden efectivamente 
poseer). Además, Schleiermacher no admitía la idea de la resurrección, ni de la muerte 
expiatoria del Hijo de Dios. Para él, Jesús sólo es una especie de modelo, consciente 
de la idea de Dios y del control de éste sobre su vida. 

El Jesús ético o liberal, conforme la crítica y la descripción de Albert Schweitzer, fue un 
modelo moralizador utilizado por los teólogos apenas para "ilustrar" aquél ideal de lo 
que debíamos ser. Como ejemplo de esta manera de pensar, tenemos el trabajo de un 
joven de 27 años llamado David Friedrich Strauss (1808-1874), según el cual los mila- 
gros de Jesús y otros eventos de subid fueron sólo inventados por los apóstoles y 
evangelistas con fines teológicos y no históricos. Consideraba, por ejemplo, que el de- 
talle de los ladrones crucificados con Cristo eran apenas un arreglo mitológico para 
hacer eco del poema de Isaías 53:12 "El fue contado entre los pecadores". 

El Jesús mitológico de Rudolf Buitman (1884-1976) es una extraña combinación de 
dogma teológico con escepticismo cristiano. No afirmaba categóricamente, como 
Schweitzer, que Jesús fue un predicador apocalíptico. Por el contrario, él incluso creía 
que Jesús fue un hombre que vivió y murió en el primer siglo, pero que nada podemos 
saber de su historia real, porque los únicos documentos que podrían contarla (esto es, 
los evangelios), no tuvieron ninguna intención de hacerlo. Su interés era únicamente 
teológico y no historiográfico. 

Es probable que hoy, en los foros de debate promovidos por los cuestionadores de la 
Biblia, ninguno sea tan famoso y agitador como el Jesús Seminar o Seminario de 
Jesús, que se realiza dos veces al año en Norteamérica. Iniciado en 1985 por Robert 
W. Funk, profesor y fundador del Instituto Teológico Westar, de California. El Semina- 
rio de Jesús convoca más de cien miembros dispuestos a separar, como dicen ellos, la 
cizaña del trigo en términos de contenido bíblico, es decir, señalar lo que es o no histó- 
rico en la vida de Jesucristo. 

Contrariando, no obstante, su pretensión académica y su promesa de imparcialidad, 
los integrantes del Seminario asumen muchas veces posturas tendenciosas que se va- 



len de métodos altamente cuestionables. Aún así, sus declaraciones mezcladas de 
duda y sensacionalismo periodístico terminan influenciando en lectores del mundo en- 
tero. En los últimos años, varios diarios y revistas han hecho notas inspiradas en la 
misma filosofía escéptica del Seminario de Jesús, aún cuando ese nombre no figure de 
manera explícita en sus páginas. 

En el apartado de los best seiiers, son muchos los autores que urden su razonamiento 
basados en la duda y el criticismo. Un ejemplo de esto es la publicación del libro Una 
¡listona de Dios, de Karen Armstrong. En él, su autora afirma que los evangelios fueron 
producidos cuarenta años después de la muerte de Cristo y que su contenido es una 
mezcla de unos pocos hechos históricos y muchos elementos míticos. Según su opi- 
nión, ese es el significado básico que el evangelio presenta, una teología mitológica 
acerca del Mesías, y no una declaración real de los hechos tal como ocurrieron. 

En ese mismo barco se encuentran nombres conocidos en el campo teológico como 
John Dominio Crossan, Robert Eisenman, Haim Cohn y otros que tienen sus libros dis- 
ponibles en muchos idiomas, incluso el español. Sus análisis, sin embargo, parecen 
muchas veces una dosis de incredulidad mezclada con escepticismo, pues predican 
una doctrina de Jesús (muchos de ellos son religiosos), sin valorar la historia que la 
sustenta. 

Es justamente en ese hecho que reside una muestra de cómo determinados autores 
cometen el error de evaluar la Biblia con puntos de vista exclusivamente modernos y 
occidentales, ignorando completamente las raíces, el tiempo y el lugar en el que fue 
escrita. En la Grecia y el Antiguo Oriente, la palabra evangeiio fue un término utilizado 
desde Homero para indiciar básicamente dos cosas: "buena noticia" (especialmente 
sobre victorias militares), y "recompensa por una buena nueva". 

En el año 9 a.C. evangelio ya era un término común utilizado en documentos oficiales 
de Asia para indicar hechos históricos tales como el nacimiento de Augusto y el co- 
mienzo del año civil. Transformado al estilo literario, Evangeiio pasó a ser una narra- 
ción que demanda una historia real detrás de su mensaje. Por lo tanto, comprenderlo 
como una novela, parábola o mito teológico, sería forzar su significado original. 

Si un judío, griego o romano de los días de Cristo se trasladara a través del tiempo y 
escuchara hoy el significado mitológico que muchos le otorgan a la palabra evangelio, 
seguramente se extrañaría. Sería lo mismo que definir a la sal como eiemento que en- 
dulza. Es decir, ¡algo totalmente sin sentido! 

Jesús es el Hijo de Dios (declaración de los apóstoles) 

La lección presente de manera prolija la confesión de fe bíblico-cristiana acerca de 
quién fue Jesucristo. Tal vez la repetición aquí de algunos datos podría generar una 
innecesaria duplicación de información. No obstante, hay un aspecto no abordado en 
el texto de la lección que quizá merezca ser brevemente mencionado como cierre de 
este estudio. En el texto originalmente citado (Mateo 16:13-15), hay un paralelo litera- 
rio que indica la intención de Cristo al abordar a sus discípulos con la pregunta: 
"¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" (versículo 13). Luego de varias 
respuestas, Jesús hace una pregunta complementario en el versículo 15 que arroja luz 



sobre su intención respecto del primer interrogante: "Y vosotros, ¿quién decís que 
soy?" 

Notemos que, en la primera pregunta, el IVIaestro utiliza la tercera persona para referir- 
se a Él: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?". Luego utiliza la prime- 
ra persona: "¿Quién decís que soy?". Este cambio indica que, para la multitud. El podr- 
ía ser un desconocido galileo, el distante "Hijo del Hombre", pero que, para los discípu- 
los, se esperaba que fuera algo más íntimo: "¿Quién soy yo, el que está hablando y 
comiendo con ustedes?" Jesús puede ser un concepto, una definición, incluso una 
doctrina religiosa para los demás. Pero para nosotros, para cada uno, debe ser un 
Amigo íntimo, un Señor conocido. 

Qtra revelación está en las preguntas que subyacen en las entrelineas del pasaje. 
"¿Qué dice el pueblo acerca de mí? ¿Por qué la gente expresa estas distorsiones res- 
pecto de la verdadera identidad del Hijo del Hombre? ¿No será porque ustedes, que 
supuestamente me conocen, permanecen callados? ¿Qué están haciendo ustedes pa- 
ra corregir esto? ¿Qué le están diciendo al pueblo acerca de quién soy yo? Finalmen- 
te, ¿qué dirá el pueblo que soy yo a partir de la predicación de ustedes? ¿Qué imagen 
de mi persona está generando la predicación de ustedes?" 

En las lecciones correspondientes al Martes y al IVIiércoles, vemos las modernas dis- 
torsiones cristológicas que circulan por ahí. Es obvia la pregunta: ¿Y nosotros, los Ad- 
ventistas del Séptimo Día? ¿Qué estamos diciendo acerca de la Persona de Cristo? 
Nuestra responsabilidad es muy grande. Si nos quedamos en un prejuiciado silencia, 
ya estamos diciendo mucho, y aun así estamos hablando mal, porque permitimos que 
sólo las ideas distorsionadas lleguen a oídos de la gente, sin darles la oportunidad de 
escuchar el otro lado de la historia. A su vez, debemos entender que tal vez nuestra 
vida personal sea el único evangelio que muchos estén leyendo fuera de nuestra igle- 
sia. ¿Sería este evangelio personal (nuestros actos, nuestro testimonio) responsable 
de la imagen distorsionada que muchos tienen del Salvador? Es algo en lo que debi- 
éramos reflexionar. 

Dr. Rodrigo P. Silva 

Profesor de Teología 

Seminario Adventista Latinoamericano de Teología 

Univ. Adventista de San Pablo -Campus II 

Traducción: Roiando D. Ctiuquimia 



RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

Rolando D. Chuquimia - rdchuquimia@ciudad.com. ar 

http://ar.groups.yahoo.com/group/Comentarios_EscuelaSabatica 

http://groups.google.com.ar/group/escuela-sabatica?hl=es 

Inscríbase para recibir recursos gratuitos para la Escuela S